La vigilia con los jóvenes ha sido un acto muy emotivo y lleno de vida, un acto donde se respiraba la alegría y la amistad, tan agustinianas. Un acto donde se ha contagiado esperanza.

El Papa León se ha prestado a responder algunas preguntas de los jóvenes en un formato novedoso y más ágil que el de un discurso tradicional. Desde un principio se respiraba la inquietud agustiniana ya que los mismos jóvenes comenzaban reconociendo la vinculación del papa con san Agustín, como dando por supuesto que él era el gran referente de la vida del Pontífice.
De hecho, aunque el Papa solo ha citado expresamente en una ocasión a san Agustín, haciendo referencia a lo que dice en Confesiones 8, 27, cuando Agustín reflexiona y afirma que si los santos lo lograron también él ha de poder: “Contemplando la vida de estos santos, como san Agustín, me dije a mí mismo: si ellos fueron capaces, ¿por qué yo no?”. Sin embargo, en todo lo que decía se respira su espiritualidad.
Tampoco nos tiene que sorprender esto ya que Agustín ha tocado todos los palos de la Teología y de la espiritualidad y en toda reflexión teológica da la impresión de que está presente. Además, el Papa León tiene una profunda formación en la tradición espiritual agustiniana y eso se nota en todas sus reflexiones. El legado de Agustín ha modelado la reflexión de los grandes temas humanos y así lo ha reconocido el papa, al decir: “sabemos todos que san Agustín es una figura muy importante para toda la Iglesia”.
El Papa ha invitado a los jóvenes a tener como referentes “ejemplos de vida buena, que resulten atractivos”, a perseverar en la oración, “expresando lo que sentís en el corazón”, en la caridad y en la obediencia, sabiendo que “Él os escucha y os responde”, a engolfarse en el silencio y el recogimiento y a “escuchar su Palabra viva, que es Cristo, cuya voz sigue resonando en la Iglesia que es su cuerpo”.
En sus palabras se ha referido a la escucha, el diálogo y la interioridad, tema muy presentes en Agustín y en su vida.
También ha subrayado la relevancia de buscar juntos la verdad, una cuestión en la que Agustín siempre será un referente: “Pues la verdad es común para todos. No es mía ni tuya, ni de éste o de aquél; es común para todos. Y quizá esté en medio para que alrededor de ella estén todos los que aman la verdad” (Comentario al salmo 75, 17).
Y a buscar esta verdad con coraje. Agustín lo pone de relieve cundo dice: “Si la sabiduría y la verdad no se aman con todas las fuerzas del espíritu, no se puede en modo alguno llegar a su conocimiento; pero si se busca como se merece, no se retira ni se esconde a sus amantes” (Las Costumbres de la Iglesia 1, 17, 31).
El Papa ha encomendando a los jóvenes una gran misión, la de ser humanos y buscadores de la justicia y amadores de la vida recta: “La misión que os confío es precisamente ésta, que seáis humanos. Sí, ¡sed humanos!. Hombres y mujeres de carne y hueso. No apariencias, sino rostros fiables. Personas que buscan la justicia porque tienen hambre de ella, como del pan de cada día. Personas que desean una vida honesta y recta, porque gustosamente hacen a los demás lo que querrían que los demás hicieran con ellas”.
Y ha terminado con una palabras de aliento: «Vosotros podéis cambiar la Historia. Hacedlo con el amor».