«Todo ser humano es “digno” por el mero hecho «de haber sido querido, creado y amado por Dios. No existe ninguna situación que haga al Señor apartar de nosotros su mirada. Es una verdad consoladora que nos acompaña en todo momento y que nos recuerda cómo su amor misericordioso está siempre por encima de cuánto bien o mal hayamos hecho».
(Papa León XIV)
El 10 de junio, el Santo Padre León XIV ha visitado el Centro Penitenciario Brians1, un momento muy importante de su Visita Apostólica a España. Nos ha traído a la memoria lo que dijo el Señor cuando visitó la Sinagoga, y cuando leyó lo que el profeta Isaías profetizó de Jesús: «El Espíritu del Señor está sobre mí, porque él me ha ungido. Me ha enviado a evangelizar a los pobres, a proclamar a los cautivos la libertad, y a los ciegos, la vista; a poner en libertad a los oprimidos; a proclamar el año de gracia del Señor». Con razón dijo: «Hoy se ha cumplido esta Escritura que acabáis de oír» (Lc, 21).

De alguna manera, esto también se ha cumplido con la Visita del Papa a Brians 1. El Vicario de Cristo ha lanzado un mensaje de liberación: a los cautivos va a anunciar la libertad, una libertad que incluso entre rejas es posible vivir con la esperanza de conseguirla totalmente. De una forma concreta y especial, el Papa, ha hecho presente a Cristo entre las personas que están cumpliendo sus penas en los centros penitenciarios.
El acto de ayer ha sido una visibilización de la presencia constante de la Iglesia en estos lugares. León XIV, cuando todavía era el Padre Robert Prevost Martínez, O.S.A., al terminar su servicio como Superior General de la Orden, tuvo muy presente en su carta de despedida a la Pastoral Penitenciaria de Huelva, donde los Agustinos estamos comprometidos desde hace mucho tiempo. Por eso, esa visita de León XIV a Brians 1 significa mucho para cuantos trabajamos en esta parcela de la viña del Señor, en la atención a las personas privadas de libertad, haciéndoles sentir el mensaje de liberación que les anunciamos con el Evangelio.
Qué hermosa es la génesis de esta visita a Brians 1, que está en el regalo que hizo el President de la Generalitat de Cataluña al Papa, de las estolas realizadas por las mujeres internas en la prisión de Wad-Ras (Barcelona). Las estolas son signo del poder sacerdotal, de la unción recibida de Dios para anunciar la libertad a los oprimidos y proclamar a los cautivos la libertad.
Esto es lo que hace en síntesis la Pastoral Penitenciaria: los sacerdotes y los laicos y religiosos colaboradores de los mismos en la hermosa tarea de hacer presente a Cristo y a la Iglesia en los centros penitenciarios. Ungidos y enviados por el Espíritu del Señor, a pesar de nuestras pobrezas personales, para anunciar la Buena Noticia del Amor de Dios en este ámbito donde tantos hermanos y hermanas nuestras esperan la palabra y el gesto oportuno para seguir teniendo esperanza. El Papa va a Brians 1 para respaldar esa presencia, para interesarse por todos y cada uno de los internos, que van a representar a los de toda España, e incluso a los de todo el mundo. Para lanzar una palabra de aliento, para pedirles que “alcen la mirada” y sigan buscando al Señor: es nuestra propuesta y aportación al mundo de los centros penitenciarios, mostrar la capacidad de reinserción, alentar la dignidad infinita que tienen como personas humanas y amadas por Dios, mostrar la creatividad de las personas privadas de libertad.
En Brians 1, su capellán, P. Jesús Bel, religioso mercedario, y un equipo compuesto por veinte voluntarios de la Pastoral Penitenciaria de la Diócesis de Sant Feliú de Llobregat, llevan a cabo una labor de acompañamiento espiritual, de catequesis anunciadora del Evangelio de la liberación, de talleres bíblicos donde se comparte el Pan de la Palabra como alimento de estos hermanos privados de libertad, y de celebración de los santos sacramentos, de formación y atención personal a los internos. En cada centro penitenciario de España, capellanes y voluntarios de la Pastoral Penitenciaria, trabajan para hacer fructificar el Evangelio en estos ámbitos, donde se comprueba la miseria más grande y la grandeza más enorme que alberga el corazón humano, un corazón que necesita sentirse amado, como el primer impulso para su reinserción, como primer impulso para sentir la liberación que nos trae Jesús.
Ayer el papa León escuchó los impactantes testimonios de dos internas, que le expusieron sus experiencias, sus deseos y sus esperanzas; se encontró con los internos. Le dijo que los errores de la vida no determinan la identidad de una persona y les recordó tal y como señala San Agustín en las Confesiones que si confiamos en la gracia divina y nos dejamos guiar y transformar por ella, descubrimos cómo en nuestra vida el pasado no condena el futuro, sino que nos ofrece la posibilidad de cambiar nuestras decisiones y elecciones.
Esta visita del Papa ha sido preparada con esmero, con una intensificación de la labor que desarrolla la Pastoral Penitenciaria. Quiera Dios que sientan, los internos de Brians 1, y los de todos los centros penitenciarios, al ser visitados por el Papa, que la unción del Espíritu se derrama sobre ellos, para sanar, para consolar, para animar, para liberar. En definitiva, qué hermoso que León XIV visite un centro penitenciario en su Visita Apostólica a España. Con su presencia siguen resonando, aún hoy, aquellas palabras que dirigió en la Cárcel Regina Coeli de Roma San Juan XXIII: «No podéis venir a mí, así que yo voy a vosotros… Así que aquí estoy, he venido, me habéis visto; he puesto mis ojos en vuestros ojos, he puesto mi corazón cerca de vuestro corazón.. ».
«Os invito a seguir soñando el sueño de Dios. A cada uno os digo: ¡Dios te ama como eres, pero te sueña mejor! El Señor nos permite a todos empezar siempre de nuevo, pues ser humano y ser cristiano no consiste en no equivocarse sino en crecer en la capacidad de convertirse, arrepentirse, enmendarse y, sobre todo, de reconciliarse y de perdonar».
(Papa León XIV)
FOTOGRAFÍA: Miguel Berrocal