Si en estos días hemos disfrutado de discursos y homilías de gran calado, las palabras que nuestro hermano Prevost nos ha dejado en esta tarde de lunes no se quedan atrás. Sin duda, nos sentimos muy agradecidos y orgullosos por todo lo que nos está regalando.

En un ambiente festivo y fraterno y en un marco incomparable, como es el Estadio Bernabéu, ha tenido lugar un encuentro muy especial: las tres diócesis de la Provincia Eclesiástica madrileña – Madrid, Getafe y Alcalá – han acogido al Papa León en lo que se ha definido como la fiesta de la diocesaneidad, muestra de que es posible convivir todos siendo a la vez muy diferentes.
El acto, de más de cuatro horas, ha conjugado con gran belleza los testimonios, los discursos y la música, que ha alcanzado su culmen en el buen hacer de Diana Navarro, Daniel Diges y David Bustamante, interpretando de modo sublime el himno oficial “Alza la mirada”. Antes de la llegada del Santo Padre, el momento más emotivo ha sido el de la procesión de la Virgen de la Almudena y el Cristo de Medinaceli, las dos imágenes que más devoción despiertan en el pueblo madrileño.
Cantad con un solo corazón
El Cardenal José Cobo ha comenzado el momento central, visiblemente emocionado tras el cántico del himno oficial, dando la bienvenida al Papa León citando el Sermón 34 de San Agustín: Cantad al Señor un cántico nuevo… cantad todos juntos, con un solo corazón y una sola voz… Canta con la voz, canta con el corazón, canta con la vida. Haciendo una llamada a armonizar la diversidad con las voces de cada cual, ha resaltado cómo la Iglesia, llamada a la misión, necesita de los mejores tonos de cada uno de sus miembros.
La Iglesia Diocesana es así llamada a ser un hogar donde cada vocación cuente, donde la corresponsabilidad no sea una teoría sino un estilo de vida, donde la autoridad se viva como servicio y donde la misión se teja caminando juntos. Una Iglesia que no tema abrir procesos, que se deje interpelar por la realidad y que busque, con humildad, cómo anunciar hoy la Buena Noticia. Todo esto no se hace levantando la voz, sino afinándola, haciendo que la vida suene a Evangelio, sin negar la noche, pero sin resignarnos a quedarnos en ella. Y, ha finalizado el Cardenal, unidos a la Iglesia universal representada por el Papa, aprendiendo a cantar juntos, no nuestro canto, sino el de Dios.
Testigos creíbles
Antes de comenzar sus palabras, le han recordado al Santo Padre las palabras con las que, el 30 de noviembre 2006, el entonces Prior general de la Orden de San Agustín llamó a los agustinos a ser los testigos creíbles que el mundo necesita hoy. Veinte años después, esas palabras siguen siendo inspiradoras para los agustinos y para la Iglesia entera.
El Papa León ha recogido la sugerente propuesta del Arzobispo de Madrid para subrayar cómo nuestro corazón necesita cantar, es decir, interpretar los acontecimientos y las situaciones, celebrando con los demás el sentido que irradian. Un pueblo que ama la música, la danza y el estar juntos, pero también conoce los conflictos, la resignación y, en ocasiones, la desesperación, necesita generar la polifonía de la comunidad, algo de lo que mucho conocemos en la familia agustiniana.

Retomando la bella imagen que en la reciente Encíclica Magnífica Humanitas compara la homologación y confusión de Babel con la reconstrucción comunitaria de la ciudad que muestra Nehemías, ha destacado que reconstruir hoy significa reconocer que, en la pluralidad de voces, existe la posibilidad luminosa de edificar juntos: la diversidad no es peligro, sino oportunidad para hacer crecer la justicia y la fraternidad desde la escucha y el diálogo.
Llegar al alma de las ciudades
El Papa Prevost nos ha hablado de la misión de la Iglesia en las grandes realidades urbanas, marcadas por la gran diversidad entre las personas que las pueblan, conviviendo en su seno tradiciones y “almas” diferentes. Y ahí ha lanzado un gran interrogante: lo que somos y hacemos como cristianos, ¿llega a los “núcleos más profundos del alma de las ciudades”) (Evangelii gaudium, 74). Y su respuesta ha sido afirmativa, apoyándose en una intuición plenamente agustiniana: es posible si buscamos juntos la verdad. Ese camino de búsqueda conjunta precisa evitar tanto la dispersión como la tentación a encerrarnos en el cálido ambiente de los grupos propios; solamente llegaremos al corazón de la ciudad si asumimos que la verdad es sinfónica y va más allá de nuestros estrechos horizontes. Su invitación a cultivar el arte espiritual de ser cordiales, reinventando nuestros mapas para movernos en armonía por la ciudad donde Jesucristo se hace presente y nos llama a anunciarlo es un reto que no podemos dejar de lado.
En una humanidad bombardeada de imágenes y palabras, pero hambrienta de justicia y sedienta de verdad, el testimonio de una Iglesia diocesana en clave sinodal se hace muy necesario, nos ha recordado el Papa. Y este camino para llegar de veras a la ciudad empieza desde las estructuras de escucha más profunda de la voz del Espíritu. Sin miedo, huyendo de las rutinas en las que cada cual permanece encerrado en sus hábitos y en su papel y promoviendo la corresponsabilidad, escucharemos al Espíritu, que suscita vocaciones en medio de la agitación, la discusión y el diálogo.
Vida y goles
En el último acto multitudinario del Papa en Madrid, ha podido constatar que en esta Iglesia particular hay mucha vida, vida manifestada en los testimonios que se han ido escuchando, vida que hay que dejar brotar, entonando la bella melodía del Evangelio de modo que sea comprensible en esta realidad variopinta de la gran ciudad, para que toda persona que llegue al seno de la gran urbe no se sienta ni rechazada ni incomprendida, no experimente prejuicios ni decepciones, sino que experimente el amor y la bondad de una Comunidad que acoge y acompaña. Porque, efectivamente, el amor es el lenguaje que hace que toda persona se sienta como en casa.
En un entorno futbolístico, misericordia, justicia y paz son los goles de la Iglesia diocesana a la mundanidad. Porque este equipo alza la mirada y sigue jugando.
Gracias, Santo Padre Prevost, por este nuevo testimonio de su ministerio, que culmina su paso por Madrid como un aldabonazo de amor, alegría y esperanza. Confiamos en que estas jornadas de encuentro fraterno con nuestro Papa nos lleven a todos los cristianos a vivir alzando la mirada.
AUTOR: A. PÉREZ (MECA / EUROPA PRESS)