La homilía en Hipona prepara espiritualmente la próxima visita del Santo Padre a la Familia Agustiniana Española
La basílica de San Agustín, en Annaba (antigua Hipona), ha sido este martes el escenario de una homilía de profundo tono agustiniano en la que el Papa León ha centrado su mensaje en la unidad como signo de la vida nueva en Cristo. Sus palabras adquieren un significado especial para la Familia Agustiniana Española, que se prepara para acoger al Santo Padre en los próximos meses.
La Eucaristía, celebrada como Misa votiva de san Agustín, reunió a fieles y religiosos en la tierra donde el obispo de Hipona vivió y pastoreó a su Iglesia. Entre los presentes se encontraban frailes de la Orden de San Agustín, incluido su Prior General, el padre Joseph Farrell.
Renacer de lo alto: una llamada para hoy
A partir del diálogo entre Jesús y Nicodemo (cf. Jn 3), el Papa recordó que la vida cristiana es siempre un renacer “de lo alto”, una transformación que nace de la gracia. En este contexto, evocó dos veces a san Agustín, subrayando la primacía de Dios en la vida del creyente: «Dame lo que mandas y manda lo que quieras» (Confesiones, X, 29, 40). Y también:
«Nada sería yo, Dios mío, nada sería yo en absoluto si tú no estuvieses en mí; pero, ¿no sería mejor decir que yo no sería en modo alguno si no estuviese en ti?» (Confesiones, I, 2).
El Santo Padre presentó al obispo de Hipona como testigo de conversión, recordando cómo su camino estuvo acompañado por las lágrimas perseverantes de su madre, santa Mónica, signo de una fe que espera contra toda esperanza.
La unidad, signo de la Iglesia que nace de Dios
El núcleo de la homilía fue una firme llamada a la unidad. Inspirándose en los Hechos de los Apóstoles, el Papa subrayó que la primera comunidad cristiana “tenía un solo corazón y una sola alma”, indicando que esta comunión no es fruto de estrategias humanas, sino del amor de Dios que transforma los corazones.
Esta unidad —explicó— se concreta en la vida compartida, en la caridad y en la capacidad de hacer de los bienes un don para los demás. Así, la Iglesia se convierte en signo de esperanza: donde hay división, construye comunión; donde hay pobreza, devuelve dignidad; donde hay conflicto, siembra reconciliación.
Preparación para una visita esperada
Las palabras pronunciadas en Hipona resuenan como una preparación espiritual para la próxima visita del Papa León España. La invitación a renacer de lo alto se traduce en un compromiso concreto: fortalecer la comunión, vivir la fraternidad y ofrecer un testimonio creíble del Evangelio.
El Papa animó a los cristianos a ser presencia humilde pero significativa, como el incienso que, aun siendo pequeño, perfuma todo. Una imagen que refleja una Iglesia discreta, fiel y profundamente misionera.
Un momento “muy especial” en la tierra de san Agustín
Al finalizar la celebración, el Santo Padre agradeció la acogida recibida y calificó el viaje como “un momento muy especial que Dios ha permitido”, subrayando el significado de que un Papa agustino pueda celebrar la Eucaristía en la ciudad de san Agustín.
En sus últimas palabras, elevó una súplica confiada: pidió la misericordia de Dios “para que todos podamos juntos reconocer y marchar sobre el camino de la justicia, de la paz y de la comunión”.
Unidad para la misión
Desde la tierra de san Agustín, donde la fe se hizo vida y pensamiento, el Papa León ha trazado un horizonte claro: una Iglesia que renace desde Dios, unida en el amor y capaz de ofrecer al mundo la esperanza de una vida nueva.
La Familia Agustiniana Española acoge este mensaje como una llamada directa a prepararse interiormente para la visita del Sucesor de Pedro, fortaleciendo la unidad como signo visible del Evangelio.