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Ecos de los días del papa León XIV en Canarias

Concluye el viaje apostólico del Papa León XIV a España con las imágenes que se han podido grabar en todos nosotros de las Islas Canarias.

Concluye el viaje pero no acaba la frase del Evangelio de Juan que nos ha acompañado y que ahora se convierte en verdadero desafío, «alzad la mirada”, y tampoco se cierra lo que no debe de perderse en la precipitación del tiempo, lo sembrado y vivido en estos días.

Alzamos la mirada evocando desde Canarias esa ola marina del logo de la visita, que luego se recupera en una ola de amor de compromiso, de novedad. Una ola con la que siempre el mar baña la orilla

Canarias nos ha puesto delante de los ojos el mar, nos lo ha descubierto como lo que siempre encierra: profundidad, oscuridad, muerte pero también esperanza.

El mar y San Agustín

Mirar al mar, pasear por su orilla, concentrarnos en él, es una de las ideas que proverbialmente nos pueden evocar a Agustín. El Agustín que está en las orillas cuando trata según la imagen bellamente recordada de embotellar en su propio pensar el misterio de la Trinidad, pero también Agustín y el mar queda recordado en su vida migrante a Roma para mejorar de clase o las esperanzas que en torno al mar y al puerto de Hipona él recoge de tantos que le llevan incluso como dice a San Posidio a vender los cálices y los vasos sagrados con tal de aliviar el sufrimiento de la gente. El mar es por tanto un buen contexto para entender el pensamiento de Agustín y para recordar como este agustino el Papa León XIV nos obra a los ojos para que miremos al mar desde la Tierra y también miremos la Tierra desde el mar.

Esas dos pueden ser las dimensiones de la propuesta del Papa León XIV en Canarias mirar desde la tierra al mar y por tanto comprender la necesidad de todos aquellos que llegan desde el mar, precisamente para encontrar un horizonte mejor ha sido el gran tema de la acogida que sobre todo en las Palmas nos ha subrayado. Una acogida que particularmente ha querido subrayar en su discurso en el puerto de Arguineguín de con textos profundos que subrayan que junto al mar necesariamente la palabra se vuelve concreta, junto al mar el se ha sentido pescador nos ha enseñado su sello y nos ha dicho claramente que el sucesor de Pedro no puede desentenderse del mar y de aquello que acontece en los muelles. La Iglesia no puede desentenderse de las aguas ni de algún ningún lugar donde haya hambre o miedo el mar puede ser trágico, pero hay uno que calla el mar, Cristo Jesús y porque calla al mar la Iglesia, también no puede permanecer muda ante quienes son abandonados a sus aguas.

Ante la acogida de migrantes subraya que no se trata de resolverlo todo pero sí de estar presentes donde el hombre y el ser humano sufre hay que recuperar ese idioma común de la acogida y del amor aunque faltan recursos siempre pueden hablar los gestos esos gestos que van más allá de las palabras que ayudan como ha recordado en Tenerife otros lenguajes, el de Tomás y el tacto, tocar necesariamente la herida, la realidad del otro genera un lenguaje nuevo al que la Iglesia la sociedad está convocada.

El migrante y su rostro, el mar desde el que viene, el drama que se vive debe de convertirse subraya al Papa en un auténtico examen de conciencia para las naciones de origen que deben de crear condiciones de paz justicia y desarrollo, para las naciones de tránsito llamadas a proteger y a no dejar a los débiles en manos de redes criminales para Europa que no puede proclamar la dignidad humana y acostumbrarse a que el Mediterráneo y el Atlántico sean cementerios sin lápidas, para la comunidad internacional llamada una cooperación eficaz y perseverante pero también para la Iglesia la acogida del migrante no puede ser algo secundario ni se delegarse en algún voluntario cada barca que llega con migrantes es un aldabonazo para la conciencia de aquel que se arrodilla ante el altar de Cristo en la Eucaristía y que debe de arrodillarse también ante el hermano, porque todo cayuco no trae solo migrantes trae consigo una pregunta que debe de lacerar nuestra conciencia, ¿qué mundo hemos construido si tantos hermanos tienen que arriesgar la muerte para buscar la vida?

Acogida y dignidad

Con la acogida al migrante el Papa canta a la dignidad humana. Exige vías legales de rescate y de asistencia y propone claramente que existe el derecho a no tener que emigrar. Un derecho a permanecer en la propia casa la una tierra que te ha visto nacer y que tiene que ser por las condiciones sociales que en ellas se dan habitable.

Una casa y una sociedad habitable en la que tenemos que ser arquitectos sabios y es claro el guiño que hace a construir no una nueva Babel sino una auténtica civilización del amor basada en dos actitudes fundamentales, abrazar la cruz de Cristo. Actitud que ilumina con un texto de S. Agustín en el comentario al evangelio de S. Juan, ante la otra orilla y el proceloso mar, el creyente siempre tiene un leño con el cual poder atravesar la cruz de Cristo. Debemos de abrazar esa cruz y llevarla como cirineos para que también los demás puedan vivir y cruzar y alcanzar la orilla. Con ello precisamente se genera la segunda actitud que ese buen arquitecto tiene que tener, cultivar una auténtica espiritualidad eucarística, esa que habla de solidaridad que se hace alimento que somos precisamente cuando somos capaces de alimentar y de ayudar, cuando somos Eucaristía, es decir, amor que se hace alimento en la acogida, en la escucha, en la cercanía y en el cuidado de los más frágiles. Lo tenemos que ser para construir la civilización del amor para seguir navegando con valentía en este tiempo nuevo de la historia.

A ello nos ayuda, y es también la fiesta que hoy celebramos el Sagrado corazón de Jesús, esa idea clave de que amor con amor se paga y por tanto ponernos con los ojos en ese rostro enamorado que Dios tiene por nosotros y reconocer en él el camino de la vida para aprender un modo de existir de evaluar y de relacionarnos y expresarlo como el Sagrado corazón en la gratuidad y en la humildad reconociendo las palabras de san Agustín “donde está la caridad está la paz y donde está la humildad allí está la caridad” que hoy ha citado el Papa.

Integrar

Pero no solo hay que acoger también hay que integrar y esta idea de la integración ha sido el leitmotiv de la visita a Tenerife en la jornada de hoy.

Después de una magnífica intervención de la ministra de integración en que ha recordado tres fundamentos de la tarea a llevar ante el fenómeno de la migración humana: humanidad, regulación y convivencia sabiendo que solo esto es posible desde el eco del amor. La ministra ha parafraseado el texto de 1Co. 13.

El Papa, en un gesto precioso haciendo su discurso en francés para que los inmigrantes francófonos le entendieran más fácilmente, ha hablado de esa tarea que corresponde a los que están en tierra, hacer que todos sientan la tierra como propia. Integrar desde una auténtica formación y capacitación en lengua y oficio, haciendo desaparecer la idea de la migración sólo como acogida y llegada, integrando en una única realidad nueva precisamente porque conjunta al que está y al que llega, sin por ello olvidar el propio origen debemos de recordar que todos somos migrantes todos somos peregrinos en camino a la patria del cielo también con ese eco radicalmente agustiniano ha subrayado el Papa.

Integrar, por tanto, que no es borrar la propia historia sino entrar en un proceso de compromiso que acoge que integra ayudando a cruzar ese umbral de la distancia que asiste y que reconstruye precisamente porque integra el futuro.

Desde ahí se comprende que el que se integra es también responsable de construir un futuro una relación nueva. Ha pedido claramente a los católicos que la integración no sea solo una tarea social, sino que además se produzca en el centro de esa integración una verdadera evangelización del que recibe y del que viene sabiendo y reconociendo que si no se produce esa integración se abocará a las personas a un segundo naufragio peor que ese primero que por desgracia todavía existe. Peor si cabe porque rompe el futuro.

Pero también el Papa de una manera radical y severa ha llamado la atención a todos aquellos que se aprovechan de la desesperación, en un texto radical y memorable ha gritado:” deténgase y conviértase. Las lágrimas y la sangre de los hermanos claman a Dios y sus sufrimientos llegan hasta él. El dinero ha arrancado a la vulnerabilidad de los pobres no dará paz ni honor ni futuro. Rompan las cadenas y liberen a quienes tienen bajo su dominio devuelvan lo arrebatado y repare en cuanto puedan alcanzar así la misericordia de Dios que puede alcanzar siempre, incluso al más pecador.

Y se ha despedido el Papa pensando de nuevo en el mar. El mar que en el puerto de Tenerife evoca al infinito, puerto desde el que recomienda volver los ojos a la Cruz. Esa Cruz presente en el nombre y de la ciudad de este puerto. Alzar la mirada y ver la cruz. Alzar la mirada y dirigirla a Cristo crucificado Señor de la misericordia, Alzar la mirada para conseguir la paz, alzarla como hizo María para con ella retomar el camino de la esperanza.

FOTOGRAFÍAS: Miguel Barreto (EFE) y Eloísa Pérez (Europa Press)

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